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Conoce la historia de Emilio Gutiérrez Rivera, voz de los héroes anónimos en la Del Valle

El 19 de septiembre volvió a ser una fecha que los mexicanos jamás olvidarán, a 32 años de aquel suceso de 1985, nuevamente un terremoto sacudió la Ciudad de México, Morelos y Puebla dejando devastación a su paso y causando la muerte de más de 160 personas en la capital del país.

Pero en medio de la tragedia surgieron un sin fin de héroes anónimos, aquellos que sin pensarlo dos veces arriesgaron su vida para salvar la de otros, brindaron ayuda, convirtieron sus manos y su corazón en la herramienta más grande que tiene este pueblo.

Uno de ellos fue Emilio Gutiérrez Rivera, quien vive en San Borja y Amores y dice estar muy orgulloso de ser de la colonia Del Valle, una de las zonas que más afectadas resultó y donde colapsaron todo tipo de edificios: nuevos y antiguos; comerciales y residenciales, los cuales quedaron destruidos.

Emilio narró los momentos de angustia que se vivieron en la Del Valle, lugar al que él llamó el corazón geográfico de a Ciudad, y confesó que ante el momento de crisis en el que nadie reaccionaba, él tuvo iniciativa y comenzó a tomar acciones, desde dirigir el tránsito en Amores y San Borja hasta que comenzaron los rumores de un edificio derrumbado muy cerca de ahí.

Este joven de 25 años nos habló de los estremecedores instantes que se vivieron en la zona: “Participamos en Escocia y Gabriel Mancera, sin embargo ésta fue mi conclusión… El silencio estremecedor de un puño en el aire marca una atmósfera de suspenso y esperanza, cuando segundos después vemos salir a una chica con vida entre los escombros, esa energía que llena nuestros cuerpos, que vence el miedo y nos hace darnos cuenta que cada gota de sudor da vida”.

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Y continúa: “¿Quiénes fueron los rescatistas? Fueron todos los meseros y cocineros que laboran a cuadras del de- sastre, que dejaron la cocina y agarraron palas y cubetas, estudiantes de instituciones cercanas que no dudaron en acudir al auxilio y arriesgar su vida por la de alguien más, policías que se encontraban en la zona que no dudaron en utilizar su grúa para romper paredes, trabajadores de obras cercanas que corrieron al percatarse de lo sucedido, vecinos que no podíamos creer la desgracia en nuestras calles y no dudamos en correr al auxilio, mujeres y hombres que no dudaron en sacar todo lo necesario de la tienda de autoservicio que sirviera para salvar vidas”.

“Y fue ahí donde parados junto a los escombros de 2 edificios derrumbados a nuestros pies, hombro a hombro cargando piedra por piedra, ver salir a una mujer con vida, nos rescato de esa obscuridad y temor para darnos una luz de esperanza y continuar sin parar hasta tener a todos con vida. Ella nos rescató a nosotros”.

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Gutiérrez Rivera destacó la unión de las personas que se encontraban allí, desde un soldado que le regaló un casco, hasta la mujer que le dio unos guantes y poco a poco lo fueron equipando con un pedacito de armadura para convertirse en un héroe anónimo que hoy da voz a todos aquellos que dejaron a su familia, su vida cotidiana e hicieron que México se mantuviera de pie.

Pero no sólo fue un día de labores, Emilio sabía que cada minuto era crucial y la coordinación con las autoridades fundamental:

“El día jueves se necesitaba una sierra para cortar cemento, y el trabajo de rescate se paró hasta que se tuviera la herramienta, en ese momento a través de las redes socia- les después de una hora pudimos conseguir 3 de estás herramientas, el Ejército mandó una escolta para la persona que las transportaba y en cuestión de minutos llegaron y gracias a ello se rescataron 17 personas con vida. Creo que esa comunicación y apoyo de las autoridades y la sociedad fue vital para salvar cada vida durante cada día”.

A pesar de confesar miedo y no tener la preparación debida ante la magnitud de un siniestro como este, Emilio sabía que cada segundo era una oportunidad y el sólo hecho de saber que podía ayudar a una persona del lugar en el que nació era motivo suficiente para hacer lo que estaba en sus manos, incluso arriesgar su vida.

“Cada que salía una persona de los escombros era un motivo suficiente para tener más fuerza, sí salió una, puede salir otra. Nunca negar ayuda, desde una aplauso, palabras de aliento o consolar a tu vecino o simple gracias es lo que te recarga y te hace seguir en esta labor”.

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Para finalizar, este ejemplar vecino envió un mensaje para todos los habitantes de la Del Valle: “Creo que ahora la Colonia Del Valle está más fuerte y más viva que nunca. La mirada de los vecinos, la participación de personas que no son de esta zona, de gente que se desplazó para venir a ayudar. Eso es lo que a todos nos da más seguridad, saber que no estamos solos y que siempre va haber alguien que nos echa la mano, eso es lo que nos da fuerza para poder levantarnos”.

En Código Sur aplaudimos la fuerza y las ganas de personas como tú. El reconocimiento es para ti y todos aquellos que hacen que México esté de pie.

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